Estaba scrolleando como de costumbre por el estercolero de reddit, y me he detenido a leer un post que trata sobre el alcoholismo.
Me ha invitado a reflexionar un poco sobre el tema al sentir esa frialdad que tiendo a sentir cuando suelo escuchar hablar a la casi totalidad de la gente.
Uno ve que el objetivo de todos, o casi todos los que comentan, es el de encajar en la sociedad. Y para encajar en ella uno ha de aceptar las premisas que esta impone, sin importar que tales sean, literalmente, demenciales.
En mi opinión, el alcoholismo es una mera consecuencia de esa demencialidad. Desde la familia en la que nacemos, hasta el resto de humanos que nos rodea, la cultura adquirida es algo omnipresente. Y esa cultura, no es tu amiga, no esta ahí para hacerte florecer, si no para someterte y explotarte en su propio beneficio. Tal promueve el autosabotaje como forma de conformidad social, el bien de la masa a costa de el del individuo. Ante tales circunstancias, cualquiera bebe por que cree que no hay alternativa a esa realidad. No hay un afuera por que esa misma cultura promueve el aislamiento del resto del cosmos. Lo hay, claro que lo hay, pero atisbarlo se convierte en una especie de tarea titánica de conseguir y mantener. Ya sea por la fuerza de la presión social y el valor en nuestras vidas que le demos al "mas vale mal acompañado que solo", o sea también por la propia degeneración genética, mental y espiritual que se promueve en medio de un entorno lleno de felicidad que apesta a lejía, beber se convierte en una forma de rebeldía subconsciente, una forma de soportar la insania social que busca someternos. Tal escape aboga por un punto efímero de cordura y está ritualizado en nuestra sociedad. Tiene sus mantras y sus templos, sus tipos de bebidas y de bares.
El alcoholismo, la depresión, la nostalgia, y cualquier otro sentimiento y comportamientos divergentes no son síntomas de una enfermedad, si no de una libertad censurada. La deuda de nuestra alma para con nosotros mismos es indestructible e innegable; esta cultura busca enterrarla bajo toneladas de basura. Tan arraigado está el control del sistema sobre el individuo medio que este llega a cuestionar sus propios sentimientos hasta el punto de calificarlos como enfermedades. Así de eficiente es el lavado de cerebro, insitucionalizado educativamente. Esos estados de ánimo, son nuestra humanidad haciéndonos tomar consciencia de que algo esta mal, y que no tiene por qué ser que todo eso que tan mal está, haya sido culpa nuestra. La sociedad, la cultura, el culto, se limita a echar balones fuera y a enterrar al monstruo que es bajo la estigmatización del individuo que lo desafía.
Qué va a poder esperar uno de una sociedad atomizada al extremo como esta en la que vivimos, en donde uno es feliz no por el mero hecho de existir, si no por el hecho de haber evitado, temporalmente, la soga al cuello que nos amenaza a todos. Una sociedad en la que es cada uno para si mismo y todos para nadie; rodeado de millones de personas es tremendamente fácil sentirse tan solo como en medio de la Antártida. De hecho solo las infernales relaciones de pareja pretenden soslayar ese elefante en la habitación, de una manera infinitamente inhumana y dolorosa, por eso el sistema lo promociona desesperadamente como única salida y redención, sinonimo de la perpetuación del mismo. Humillación, reciclaje, eres un desecho prescindible. Y lo sabes.
Los actos de altruismo popularizados por los medios de propaganda-comunicación se limitan a edulcorar una realidad devastadora de la que todos somos conscientes pero que negamos por puro terror. Es casi cómico pensar que la realidad supera a la ficción en el sentido de que la peor película de terror que puede existir es la de vivir rutinariamente tal y como se hace en esta sociedad. Se busca desesperadamente una felicidad estúpida por que nuestro estado sentimental por defecto en semejante pifostio de civilización es el opuesto. El monstruo necesita enemigos externos, reales o inventados, de los que alimentarse, para ocultar la realidad de que el enemigo numero uno del ser humano es él mismo.
Recordad la normalización del control de daños, que tanto he mencionado en los directos. Recordad los topes, los raíles, los agentes, y las taras del sistema. Recordad a la gente que lo defiende y entended por qué. Una droga es tan adictiva como el mundo vacío de humanidad que te rodee. Una droga no tiene poder alguno sobre ti, lo que lo tiene es la frialdad que recibas del resto de los humanos que te rodeen. Sin eso no hay droga que valga. Si uno quiere humanizar, entre humanos inhumanos, es cuando la droga toma protagonismo, si así lo decides. Tu autodestrucción, es el reflejo individual de la autodestrucción colectiva de la humanidad. Tu propia naturaleza ejecuta una sabiduría superior sin siquiera tu ser consciente de ella. Ante este imperio del terror, solo queda la confianza ciega en ella.
No es pretender justificar nada, allá cada uno, es querer ver las cosas como son, cimentar una base sólida sobre la que tomar decisiones.
Mientras tanto, se limitarán a decirte, sutilmente: "supéralo, adáptate, y cállate de una vez"; y eso es progresar en la sociedad, eso es volver al redil, eso es caminar hacia la felicidad de nuevo. Pero esa felicidad llena de sonrisas de plástico ortopédicas no le sirve a quien quiere ser real, solo al que oculta el horror verdadero que mora en lo mas profundo de sus entrañas. Si no miramos a ese abismo, y lo afrontamos, no iremos hacia ningún lugar que valga la pena ir.
Qué es lo que quieren aquellos que buscan joderte, en el fondo?: que te avergüences de tu propia humanidad. Romperte, joder tu integridad como persona.
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No digas polleces e?.