Por mucho que no me guste hablar de ciertas maneras, he de hacerlo y mencionarlo. Comprendo que desde otros puntos de vista, sea algo aterrador.
La sociedad en su conjunto está como bajo una serie de encantamientos o hechizos muy poderosos, es decir: hay una forma oficial de interpretar la realidad y lo que no encaja en ella es locura. Otra vez ese tema, sí otra vez, pero es que una y otra vez, me doy de bruces con una realidad que trata de censurarme con medios muy rastreros.
Lo primero que pretenden esos hechizos para ser efectivos, es robarte tu soberanía sobre ti mismo: "ve y cree en este y este otro, no confíes en ti si no en estas "autoridades" oficializadas del sistema, ya sean de uno u otro tipo"; para ser manipulado, y controlado, necesitan que desconfíes de ti mismo y creas en ellos.
Te hacen creer que ciertas cosas funcionan de cierta manera y no otra. Cosas de tu cuerpo físico. Que todo es así y asá, y se acabó. Pero no es así. Cada vez que siento la indignación por esas interpretaciones de la realidad "física", no soy yo el que se indigna, si no mi cuerpo. Se está indignando por que esa interpretación oficial que siguen cientos de millones de personas va contra natura, disrupciona nuestra propia salud. Genera una especie de disonancia biológica que nos separa del cuerpo, una disrupción que arrasa con toda coherencia natural: la gente tiende a "usar y tirar" su cuerpo con meros fines hedonistas. Este es el estado de cosas que me rodea. TODO lo que busca esta tan idolatrada sociedad es perpetuar tu ignorancia, tapando la verdad con toda clase de banalidades insignificantes. Todo en ella es una horrible búsqueda de la felicidad y del "amor" que vuelve loco a cualquiera con mas de dos dedos de frente. Siendo algo demencial hasta decir basta, cuando no sabemos ni a donde vamos y elegimos seguir ese camino social, es entonces cuando vemos a donde nos lleva al fracasar en el: a la autodestrucción, de uno u otro modo. A llorar. Y lo sabes coño, claro que lo sabes, lo sabe hasta un bebé. Es una puta mierda, es una mentalidad en ruinas de subsistencia, de guerra. Una indignidad infinita. Y la gente (mayorías) no sabe conscientemente que están bajo asedio.
Cómo no lo vas a saber, tú has venido aquí a saber. ¿Es que ni siquiera vales eso?, ¿ni si quiera te lo mereces, el saber la verdad?. Otra cosa es que no quieras reconocerlo. El único culpable es aquel que no lucha por contrarrestar su ignorancia.
No busca esta infamia, que conectes contigo mismo, no, busca que conectes con la mente colmena que la dirige, busca tu adaptación. Hay una desconexión, ruptura de la comunicación entre tú y tu cuerpo, muy fuerte, imperantemente vendida como la normalidad, en esta sociedad que vivimos. Esta es parte de la insania colectiva de la que llevo mucho tiempo hablando. A que punto hemos llegado, en el que afrontarnos a nosotros mismos en esto está tan mal visto. Que lo que se hace siempre es lo contrario: todo tipo de huidas hacia paraísos artificiales.
Recordad algo: esto es un espejo de hasta donde llegas. En qué crees, en qué confías?. Pretendes que otros crean igual que tú?, puede que haya fortalezas ahí, pero también debilidades, pretendes viralizarlas?, más de lo que ya está derroida la humanidad?.
Lo poco que puedo hacer es quejarme, y decir que algo está muy mal ahí afuera, tanto como dentro de la genética humana; lo que hay afuera, no es más que un reflejo de nuestra catástrofe interior. Se ha normalizado vivir en la ruina.
Somos, o nos comportamos como seres despedazados, descuartizados. Infantilizados a base de crueles latigazos por una sociedad impenitente. La integridad brilla por su ausencia, la cohesión interior que nos autentifica. Dejarse llevar por la corriente es vivir las consecuencias de esa falta de fe en la visión de un nuestro interior devastado por yo que sé cuales razones pasadas remotas que nos arrancaron de nosotros mismos para convertirnos ni en la mera sombra del ser que somos.
¿Os resulta divertido?, por que a mi la verdad es que me deprime. Si busco a veces la indulgencia en distracciones es por hacer un paréntesis entre tanta evidencia desmoralizadora que me hunde en el desencanto y la desesperanza.
Son fronteras que se expanden. Si uno no vive eso, dudo que haya salido de la guardería mental para niños en la que pretenden que estemos desde la cuna a la tumba, aquellos que la promueven. En qué lugares el principio de soberanía personal es ridiculizado hasta la extenuación?: en las prisiones.
¿Como vas a ver y sentir lo más alto, sin también ser consciente de lo más bajo?. No se puede. Esferas, que se expanden, o comprimen, pequeñas o grandes, pero esferas, de consciencia.
Vivimos dentro de una cúpula de estupidez, incapaces de ver, sentir y vivir las estrellas por el miedo al que dirán, con autocensuras adquiridas arraigadas tan profundo en nuestro subconsciente, que cuando las reventamos, comprendemos cuan bajo hemos caído. Eso solo puede ocurrir bajo un paradigma que desprecia profundamente la vida tal y como se creó.