sábado, 6 de junio de 2026

 

Por mucho que no me guste hablar de ciertas maneras, he de hacerlo y mencionarlo. Comprendo que desde otros puntos de vista, sea algo aterrador.

La sociedad en su conjunto está como bajo una serie de encantamientos o hechizos muy poderosos, es decir: hay una forma oficial de interpretar la realidad y lo que no encaja en ella es locura. Otra vez ese tema, sí otra vez, pero es que una y otra vez, me doy de bruces con una realidad que trata de censurarme con medios muy rastreros. 

Lo primero que pretenden esos hechizos para ser efectivos, es robarte tu soberanía sobre ti mismo: "ve y cree en este y este otro, no confíes en ti si no en estas "autoridades" oficializadas del sistema, ya sean de uno u otro tipo"; para ser manipulado, y controlado, necesitan que desconfíes de ti mismo y creas en ellos. 

Te hacen creer que ciertas cosas funcionan de cierta manera y no otra. Cosas de tu cuerpo físico. Que todo es así y asá, y se acabó. Pero no es así. Cada vez que siento la indignación por esas interpretaciones de la realidad "física", no soy yo el que se indigna, si no mi cuerpo. Se está indignando por que esa interpretación oficial que siguen cientos de millones de personas va contra natura, disrupciona nuestra propia salud. Genera una especie de disonancia biológica que nos separa del cuerpo, una disrupción que arrasa con toda coherencia natural: la gente tiende a "usar y tirar" su cuerpo con meros fines hedonistas. Este es el estado de cosas que me rodea. TODO lo que busca esta tan idolatrada sociedad es perpetuar tu ignorancia, tapando la verdad con toda clase de banalidades insignificantes. Todo en ella es una horrible búsqueda de la felicidad y del "amor" que vuelve loco a cualquiera con mas de dos dedos de frente. Siendo algo demencial hasta decir basta, cuando no sabemos ni a donde vamos y elegimos seguir ese camino social, es entonces cuando vemos a donde nos lleva al fracasar en el: a la autodestrucción, de uno u otro modo. A llorar. Y lo sabes coño, claro que lo sabes, lo sabe hasta un bebé. Es una puta mierda, es una mentalidad en ruinas de subsistencia, de guerra. Una indignidad infinita. Y la gente (mayorías) no sabe conscientemente que están bajo asedio.

Cómo no lo vas a saber, tú has venido aquí a saber. ¿Es que ni siquiera vales eso?, ¿ni si quiera te lo mereces, el saber la verdad?. Otra cosa es que no quieras reconocerlo. El único culpable es aquel que no lucha por contrarrestar su ignorancia.

 No busca esta infamia, que conectes contigo mismo, no, busca que conectes con la mente colmena que la dirige, busca tu adaptación. Hay una desconexión, ruptura de la comunicación entre tú y tu cuerpo, muy fuerte, imperantemente vendida como la normalidad, en esta sociedad que vivimos. Esta es parte de la insania colectiva de la que llevo mucho tiempo hablando. A que punto hemos llegado, en el que afrontarnos a nosotros mismos en esto está tan mal visto. Que lo que se hace siempre es lo contrario: todo tipo de huidas hacia paraísos artificiales.


Recordad algo: esto es un espejo de hasta donde llegas. En qué crees, en qué confías?. Pretendes que otros crean igual que tú?, puede que haya fortalezas ahí, pero también debilidades, pretendes viralizarlas?, más de lo que ya está derroida la humanidad?.

Lo poco que puedo hacer es quejarme, y decir que algo está muy mal ahí afuera, tanto como dentro de la genética humana; lo que hay afuera, no es más que un reflejo de nuestra catástrofe interior. Se ha normalizado vivir en la ruina.

Somos, o nos comportamos como seres despedazados, descuartizados. Infantilizados a base de crueles latigazos por una sociedad impenitente. La integridad brilla por su ausencia, la cohesión interior que nos autentifica. Dejarse llevar por la corriente es vivir las consecuencias de esa falta de fe en la visión de un nuestro interior devastado por yo que sé cuales razones pasadas remotas que nos arrancaron de nosotros mismos para convertirnos ni en la mera sombra del ser que somos.

¿Os resulta divertido?, por que a mi la verdad es que me deprime. Si busco a veces la indulgencia en distracciones es por hacer un paréntesis entre tanta evidencia desmoralizadora que me hunde en el desencanto y la desesperanza.

Son fronteras que se expanden. Si uno no vive eso, dudo que haya salido de la guardería mental para niños en la que pretenden que estemos desde la cuna a la tumba, aquellos que la promueven. En qué lugares el principio de soberanía personal es ridiculizado hasta la extenuación?: en las prisiones.

¿Como vas a ver y sentir lo más alto, sin también ser consciente de lo más bajo?. No se puede. Esferas, que se expanden, o comprimen, pequeñas o grandes, pero esferas, de consciencia.

Vivimos dentro de una cúpula de estupidez, incapaces de ver, sentir y vivir las estrellas por el miedo al que dirán, con autocensuras adquiridas arraigadas tan profundo en nuestro subconsciente, que cuando las reventamos, comprendemos cuan bajo hemos caído. Eso solo puede ocurrir bajo un paradigma que desprecia profundamente la vida tal y como se creó. 

 

 

 

 

miércoles, 27 de mayo de 2026

 

 Creo que la humanidad en su mayoría esta degenerada genéticamente. Eso no significa que yo no lo esté, si no que veo que hay algo que no encaja dentro de mí, esa "memoria", de un pasado en el que esa degeneración no existía, digamos.

No es todo negro y blanco, en cambio, es algo mucho más complejo, convulso, enigmático, y misterioso. No es cuestión de irse a relatos bíblicos para encontrar respuestas, es todo más científico y evidente.

Yo no soy el científico que pueda probar nada, en cambio, pero desconfío de la ciencia oficialmente esponsorizada por el sistema, esa está capada, es sistema; y no te puedes fiar de él, si al menos quieres salvar algo de lo que tan profundo ha sido enterrado. Hay intereses por parte de los que tienen la sartén por el mango en que ciertas evidencias no salgan a la luz. Cierta "versión oficial" de la historia ha de ser aceptada y cualquier divergencia, enterrada. ¿Es acaso eso algo raro?, ¿o quien cree ciegamente en las "verdades oficiales", depende de ellas para no derrumbarse mentalmente?. La verdad oficial es un mundo de color de rosa, para niños. El sistema es el papá que todo lo sabe.

El derrumbe mental es clave. Se nos ha educado paternalísticamente para creer ciegamente en el sistema, en las verdades oficiales, en las mentiras que los gobernantes nos sueltan por los medios comprados por individuos que no muestran la cara pero sí sus intenciones.  El gran padre sistema y su dios el dinero que fluye por sus venas no ha de ser cuestionado. Pero por una u otra razón la pérdida de inocencia y por tanto, de fe en tal sistema, puede suceder. El derrumbe mental, sucede; el despertar. Uno siempre parcial, claro, pero despertar; apertura de los ojos y la consciencia a un territorio antes ignorado.

Yo no sé por que estas cosas tan simples, son tan difíciles de comprender por muchos. Supongo que es por que se han transvalorado muchas cosas: servidumbre es fortaleza, rebeldía es debilidad; obediencia es orgullo, desobediencia pusilanimidad. Así hasta el infinito. Eso, y mucho miedo, demasiado miedo, a desentonar entre la muchedumbre adoctrinada. ¿Yo tengo miedo?: sí, a veces mas a veces menos.

Se nos educa para ser niños, y comportarnos, como niños: con nuestro trabajo estable, pasta gansa en el banco, piso zulo pagado, familia e hijos, pero siguiendo siendo niños. Y a los que no eligen eso se les trata como chalados. Ir más allá del paraguas del estado-sistema es sinónimo de locura.

 

Por lo visto soy un chalado, por que las chucherías del sistema para mantenerme en vereda no me seducen. Vivo en la incertidumbre, por que la actitud de la mayoría no me convence. Y experimento la miseria, la soledad, y el desdén ajeno, por que no creo en enterrar la luz de la vida que un día despertó en mí.

La normalidad no es eso, la normalidad es no destacar, no cuestionar, no usar la inteligencia, no creerse "especial", "tu eres esclavo, como todos nosotros lo somos", "miserables nosotros, miserable tu también". Y la mayor normalidad de todas, es ni remotamente considerarnos seres divinos, no por dios, eso no, "eso son tonterías" si "esto que llamamos vida, es un valle de lágrimas". Y a conformarse, a ser una sombra, un ser gris, y a otra cosa mariposa.

No sabéis que lloráis por vuestro pasado remoto perdido, olvidado, enterrado.  

Tampoco es cuestión de creerse uno mas que nadie, es cuestión de aceptar que somos diferentes entre nosotros. Muy diferentes. La igualdad impuesta se ha convertido en nuestra tortura. Podremos tener un cuerpo humano tu y yo, pero mas allá de eso, las diferencias son indescriptibles. Mentales, de consciencia, de alma, de espíritu, de actitud, de todo aquello que se trata de enterrar, escupir, y humillar hasta el más hondo agujero del olvido.  

Es toda esa actitud generalizada que hunde al ser humano medio en un estado de desesperanza subconsciente terrible, que cuando afronta al salir a flote, le hace derrumbarse. Es entonces cuando aparecen los controladores de daños oficiales del sistema, los "profesionales", que saben solucionar los problemas del infinito ser que eres..... jajaja más bien los pastores, buscando meter a las ovejas descarriadas de nuevo en el cercado donde se encuentra el resto del rebaño listo para seguir siendo explotado. Ofreciendo soluciones artificiales inhumanas que van contra la vida y la libertad misma. 

Es una triste distopía en la que vivimos, una más inteligente y sofisticada que las de ficción. Uno puede ser feliz en ella, pero a costa de su ser y su alma verdaderos.

 

 

 

 

martes, 31 de marzo de 2026

 

Es todo muy raro. Vivo un despertar que me lo da todo, y el resto de la existencia, la vivo viendo como me lo arrebata.

Y lo consigue, sí. Muy a mi pesar lo hace y no sé como contrarrestarlo, si es normal, o si no. Aunque no del todo, es como si algo sí fuera temporal, efímero, y se va desvaneciendo, mientras que hay otro algo, que es inmortal. Eso es lo que vino, y se quedó.

Lo que queda, cuando todo lo demás se ha erosionado, por el paso del tiempo.

Y como contraparte queda la supuesta locura, la incomprensión, la soledad, la marginalidad, el sentir que uno no vale nada, cuando lo valió todo, el resentimiento hacia lo aparente, hacia el teatro por seguir con su pantomima, y las insalvables distancias para con la inmensa mayoría de los demás. Queda la fe en todo lo que no se puede compartir, en todo lo que es vida seguir creyendo, aunque lo haga solitariamente. 

¿De qué voy a hablar, si no hay nada más de lo que hacerlo?. 

¿Por qué ocurren estas cosas?; preguntas sin respuestas es lo único que me puedo hacer.

Reivindico la justicia del por qué de todo esto. Aun así tengo un atisbo de temor ante la respuesta. Es como algo ante lo que te preguntan: "¿estás preparado para la respuesta?", y lo único que se me ocurre responder es "¿cómo cojones iba a estarlo?¿. 

¿Hay derecho a esto, a vivir entre la espada y la pared de esta manera?. No lo creo. 

Podré pensar un millón de cosas, teorías, chorradas, interpretaciones, y sentires al respecto, pero en este caso y tema concreto no puedo decir mas que no sé que esta pasando, me siento cojo a la vez. Falta algo. El qué no lo sé.

 

martes, 10 de marzo de 2026

Creer en el sentir, y la lluvia


Esto que comento parece tener que ver con que la vida esta sea una experiencia individualizada interactiva. La diferencia radica entre ser un tu a merced de las circunstancias insignificante, a el universo escucharte y mostrar algo en consecuencia cada vez que tu manifiestas una voluntad sincera de... algo. Cuando menciono lo del "juicio final", a lo que me refiero es a la posibilidad de verte ante el espejo. El juicio final, es tuyo, lo haces tu ante ti mismo, tú juzgas, sobre tu actuar, eso es lo que a mi me parece que ocurre, de algún modo, ya sea en vida o más allá. Proyectar sobre otros en base a esas premisas, y juzgarles, nos condena: no tenemos autoridad para hacerlo. Nadie ni nada la tiene.

Aquí se cree en el sentir selectivamente, se cree en lo que nos beneficia y se descarta aquello que nos perjudica; pero todo ello tiene un sentido total que en su asimilación nos lleva a reconocer el ser completo que negamos ser: las piezas del puzzle que eres que si descartas, queda "incompleto". Yo no sé si hay un finito de piezas con las que crear un puzzle y así poder entendernos, lo que sí se es que hay algo no físico, mental, que nos divide, ilusoriamente; que me divide a mi mismo, ilusoriamente. Sólo puede ser así, una ilusión, porque ¿cómo el infinito va a ser un puzzle, como va a ser dividido?: porque se habrá creído alguna mentira que le haya convenido creer. ¿Pero cómo discernir?... aaa amigo, ahí ya son palabras mayores, y la causa de muchas enemistades. Prueba y error, apuesta y fracaso, y mucha soledad caminando todo ello, no queda otra.

El mundo está comprendido, en su mayoría, de gente fragmentada, supongo, o al menos, es el ejemplo mayoritario mas evidente. No digo que yo no lo esté, si no que reconozco que lo estoy. Al ya reconocer algo raro en el ser ya muestro un comportamiento que es irónicamente, raro para la sociedad: lo normal es esa fragmentación, esa división, lo anormal, es cuestionarla.


El sentir y creer en ese sentir por muy "irracional" que sea es fuga de la tiranía mental del colectivo humano. Si crees en ese sentir, te separa del trance colectivo que siga la humanidad, y el universo parece manifestar en consecuencia, pero claro, no es como pedirle a un genio los tres deseos, si no algo mas parecido al reflejo en un espejo: estas viendo aspectos de ti que tal vez no quisieras ver, o tal vez sí y te asombres. Todo ello es otra cosa mucho más profunda y complicada de entender que habla de la naturaleza incomprendida del ser que somos.... parece que el universo físico manifiesta algo para que veas algo de ti. De formas impredecibles. Da miedo, y cuando no, asombro. ¿Pero de dónde venimos, para someternos a esto?.

 

 

jueves, 19 de febrero de 2026

 

 Casi todo en este mundo esta basado en la esclavitud y la dominación. Domesticación, sometimiento. Tanto es así que el esclavo está orgulloso de serlo, defendiendo su estatus, con saña. La moral del esclavo y su orgullo de prosperar bajo las reglas de una cárcel de la que ni siquiera es consciente de su existencia, lo es todo. Y presumir de ello, como si ese sometimiento fuera garante de una posición de superioridad moral para con el que no le sigue la corriente, aquel consciente de lo que ese postureo trata de ocultar, ya sea consciente, o subconscientemente.

De una u otra forma, lo que oculta es el terror ante la evidencia. Una evidencia aplastante de la que todo hijo de vecino es consciente. Para eso no se necesita ser muy "especial". 

Subconsciente, o consciente. Entiendo que haya mucha gente inconsciente de esto. Que no es consciente de algo, de lo que yo fui consciente. Y va y pasa que de muy joven despierto a la realidad de que la vida no tiene por que ser así, que existe la libertad, que he sido pisoteado. A partir de ahí, mi vida se convierte en un relativo infierno en la tierra.  

Y no es por estar equivocado, si no por haber acertado de lleno: la libertad es algo prohibido. No consiste en estar acertado u equivocado, si no en la libertad de estar equivocado o acertado, independientemente de la verdad sea cual sea. Todo tu ser es libertad, otra cosa es que ni te acuerdes de ella; sea por que te hayas adaptado a un mundo diseñado para esclavizarte, sea para que sumisamente te sometas a una sistematización de tu ser que te canibaliza a cada momento que decidas consentirlo. Miedo, miedo, y mas miedo: desconfianza.

La mas desnuda e inocente confianza es un factor clave en todo este entresijo de sometimiento del ser humano: si este logra desconfiar de si mismo, si lo convences para que lo haga, y visto está que así se hace a escala masiva, la fiesta estará servida para que este acabe siendo un esclavo. Confiará en el sistema que le somete, no en la naturaleza propia que le creó. En que acabas confiando tú?, en tu alma, o en la bota que te pisotea todos los días?. 

Y se vive solo, muy solo, todo esto. Viendo como consentimos, dejarnos llevar por el miedo. Viendo como nadie, inspira nada, que contagie algún atisbo de esperanza. No hay excepciones, no las hay; solo gente triste, fuegos débiles, titileantes, dubitativos, luchando contra el monstruo que busca someternos a todos. Mas triste es ver como algunos acaban apagados y doblegados por él.

El látigo y los palos que tratan de someterte no cesan nunca, pero arrodillarse ante ellos es algo que no me podría perdonar nunca; o tal vez sí, lo mismo soy otro cobarde mas que presume de boquilla. Serlo es lo mismo que no existir, prácticamente. Quien te va a entender, salvo en la lejana distancia que no hace compañía. La libertad es así, una temeridad; quien me iba a haber dicho a mi antaño que para sentirme vivo no solo basta con el alcohol de vez en cuando, no, si no con decir no y llevar la contraria para sentir que al menos, este yo que me contemplo, es alguien digno de ser contemplado, aunque sea solo por mi mismo.